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¿Qué quieren los hombres? La paradoja de la masculinidad

Tere DíazLas mujeres hemos hablado, y mucho. Si bien se ha recorrido un largo camino en temas de igualdad, la brecha emocional entre mujeres y hombres se agranda cada día. Las mujeres hemos cambiado dramáticamente y es hora de que los hombres lo hagan también; no solo a nuestro favor, sino para su mejor estar.

La vida de las mujeres –con todo y su lucha- no será suficientemente buena si no se unen los hombres a esta trasformación. Y para poder facilitar la transición primero hay que identificar cómo se posicionan ellos:

  • Algunos se resisten al cambio y se rigidizan instalándose en el machismo.
  • Otros se unen a la lucha por la igualdad entre los géneros pero “más” como “comparsa” de las mujeres que por convicción.
  • Unos cuantos son conscientes de que es importante la transición y de que sin ella tampoco podrán ser las personas que quieren ser ni tener la cercanía y el afecto femenino que desean.

Es momento de hablen ellos. ¡Escuchémoslos! Observémoslos… Con curiosidad, complejidad y esperanza. No es fácil ser hombre hoy: las mujeres NO los conocemos ni los entendemos del todo. Sabemos lo que nos lastima de ellos, lo que nos falta, lo que no nos gusta y lo que necesitamos en su compañía,  pero no comprendemos los dilemas y las presiones que ellos están viviendo, los dolores que vienen cargando, y su estar atrapados en una masculinidad que los aliena y enajena.

Si creemos que sabemos a ciencia cierta- quiénes son, qué les pasa y qué necesitan, recordemos que las certezas son enemigas del cambio.

Para conocerlos un poco más

Revisemos cinco áreas que nos permitirán adentrarnos en su interioridad.

  • Identidad: ¿Qué les asignaron ser por el hecho de ser hombres? ¿Qué es lo que con más libertad elegirían ellos? Mujer se nace, los hombres tienen que demostrar siempre que son hombres. La masculinidad no se adquiere naturalmente: es difícil de conquistar y fácil de perder.
  • Intimidad: ¿Cómo son sus relaciones con otros hombres? ¿Cómo son sus relaciones con las mujeres? ¿De qué forma se muestran ante los demás? ¿Cómo develan su interior? ¡Ojo! Los hombres en general desarrollan menos la competencia verbal por tanto actúan más, incluso el malestar que experimentan -al no poder ser identificado y expresado- lo diluyen mediante explosiones y compensaciones autoindulgentes.
  • Sexualidad: Temen ser rechazados y juzgados. La mayoría de sus deseos son genuinos y respetables: ¡son tanto menos “pervertidos” de lo que las mujeres quieren señalarles! Además, para ellos el ejercicio de su sexualidad es una forma de expresión y conexión medular.
  • Poder: Inevitable afirmar que en una sociedad patriarcal los varones están en una zona de privilegio, por tanto, invisibilizan con frecuencia las necesidades de los demás al tiempo que temen perder poder.
  • Trauma: Pero al mismo tiempo poco se habla del poder que ejercen de forma abusiva otros hombres sobre ellos: existe mucho abuso de varón a varón lo cual afecta su estabilidad emocional y a veces su integridad física también.

¿Y nosotras qué podemos hacer?

Las mujeres también somos machistas y si no lo admitimos perpetuaremos algunos patrones de conducta. Hemos de asumir nuestra responsabilidad en la sutil sobreprotección de las normas patriarcales que “cuidan” a los hombres, ocultando nuestros malestares y cerrando su posibilidad de reaccionar.

No los ayudamos si los tratamos como niños pero tampoco si los despreciamos o engrandecemos. Mostrémonos asertivas, aprendiendo a poner límites y a pedirles lo que necesitamos sin lastimar.

Por otro lado, si no nos involucramos en comprender el significado de su vida erótica no solo no los conoceremos sino que los alejamos de conocerse y de conocernos. Los hombres necesitan sentirse deseados por quienes son y no por quien tienen que ser.

Y finalmente, muchas mujeres somos ambivalentes cuando queremos hombres fuertes y proveedores pero también nos perturbarnos al verlos frágiles, vulnerables y fracasados. Si queremos relaciones íntimas e igualitarias hemos de poder integrar sus dos facetas, que finalmente, son comunes a todos los seres humanos. ¿O será acaso que nosotras tampoco sabemos lo que queremos y nos negamos a cambiar nuestra cómoda incomodidad?

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Tere Díaz