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Tú decides si te quedas en el suelo o te levantas

Estaban a punto de casarse. Sílvia ya tenía el vestido de novia. Ya estaba todo listo para la boda, la música, la ceremonia religiosa, el local de fiestas, los invitados confirmados. Raúl había pagado un crucero padrísimo para la luna de miel.

Denise Ramos Murrieta

La boda civil estaba programada para efectuarse un día antes en un restaurante muy bonito. De pronto Raúl le dijo a Sílvia que su mamá había elegido otro restaurante para celebrar la boda civil. Sílvia no estuvo de acuerdo y le dijo a Raúl que ella no iba a tolerar que su mamá se estuviera metiendo en sus decisiones. Le dijo que si su mamá se iba a estar metiendo en su matrimonio, prefería no casarse con él. En ese momento Raúl le tomó la palabra y le dijo: “se cancela la boda”.

Sílvia no podía creer lo que estaba escuchando. Pensó que él había dicho eso porque se había enojado, pero recapacitaría y todo seguiría en pie.

Esperó unos días para que él volviera, pero Raúl no cambio de opinión. La boda estaba cancelada.

Silvia tuvo que regresar todos los regalos, cancelar la música, el local y todo. Guardó el vestido de novia y se encerró a llorar.

Pasaron tres semanas y Silvia seguía sin salir de su casa. Estaba deprimida. No se bañaba, no se peinaba, dormía todo el día.  No entendía por qué se habían cancelado sus sueños. No entendía por qué se le había ocurrido decirle eso a Raúl. Repasaba una y otra vez el momento en el que le dijo que no quería casarse, deseaba volver al pasado y permanecer callada.

A la cuarta semana su mamá le pidió que visitara a un terapeuta. Ella aceptó ir a terapia y decidió empezar  a trabajar el duelo. Entendió que tenia dos opciones: quedarse tirada sufriendo, como víctima, lamiéndose las heridas y  lamentándose por lo que le había sucedido o levantarse a pesar del dolor y sanar la herida que le había dejado esa pérdida.

Poco a poco salió de la depresión y pudo volver a salir y conocer gente nueva. Al principio tenía mucho miedo de volver a enamorarse y evitaba las relaciones serias. Salía con jóvenes que no querían compromiso y le funcionaba bien para proteger su corazón de otra desilusión. Después comprendió que el dolor de la ruptura la había hecho más sabia. Entendió que ahora se conocía mejor y tenía más claro lo que sí quería y lo que no quería en su vida. Se dio la oportunidad de quitarse el blindaje emocional para volverse a enamorar y llegó  Mauricio a su vida.  Hoy vive en una agradable relación con Mauricio. Hoy entiende que la decisión de no casarse con un hombre que iba a poner los deseos de su mamá antes que los de ella, había sido la correcta.

A veces parece que el mundo se nos viene encima. A veces, después de una pérdida,  pensamos que la vida ya no tiene sentido.

Cuando nos sentimos así, podemos buscar ayuda para poder elaborar el duelo, sanar las heridas, aprender de la experiencia dolorosa,  darle la vuelta a la página y volver a disfrutar de la vida.

Denise Ramos Murrieta

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