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¿Y si nos tratamos con compasión?

"Trata a los demás como quieres ser tratado" es una frase muy común pero pocas veces practicado. También algunas fuentes dicen que los mayas tenían un saludo donde decían In Lak´Ech que significa “Yo soy tú” y se respondía Hala Ken, que significa “Tú eres otro yo”. Independientemente si habla sobre una conducta de etiqueta o la cosmovisión de una importante civilización, lo cierto es que encontrar en el de enfrente una manifestación de lo mismo que nosotros somos, pero con otra historia trae como efecto instantáneo un mejor trato y compasión.

Angie Brenes
Angie Brenes

Hay una alta probabilidad que seas de las personas que tienen una cuenta en la red social más popular en la actualidad. Esto quiere decir que el tipo de contenido que recibes a diario incluye noticias, chistes, movimientos sociales, videos de gente mostrando sus talentos y un sinfín de opciones.

Con frecuencia la gente expresa sus logros, estados anímicos, situaciones difíciles e ideología.

Si consideramos que somos ya casi 8 billones de personas, nos damos cuenta que la construcción de pensamientos es muy variada, pues depende de factores como la geografía, género, educación, acceso a oportunidades, nivel socioeconómico, agrupación religiosa y otro sinfín de elementos que influyen a cómo se arma nuestra percepción sobre diferentes temas.

Lamentablemente, la información a la que estuvimos expuestos de niños, nos dice que hay que ser el mejor entre los demás en lugar de ir mejorando a diario la versión de lo que somos y esto nos lleva a una ilusión de competencia, en ocasiones despiadada, que atenta contra nuestro propio bienestar y ciertamente el de enfrente.

Esta especie de virus en nuestra programación mental la podemos ver reflejada en redes sociales, donde a la gente que expresa su opinión se le puede llegar a agredir verbalmente de manera pasivo-agresiva. Se proyectan dolores a través de comentarios condescendientes o soberbios, dolores que portan los usuarios y que quien está del otro lado puede absorber generándole así enojo, tristeza, rabia o frustración.

Este tipo de prácticas toxicas, como todo, han evolucionado y actualmente pudieran incluso ser disfrazadas con toques espirituales o intelectuales y el origen es muy simple: Carencia de respeto a las ideologías del de enfrente; existe un deseo de dominar la opinión.

En un sano debate se exponen argumentos donde con información y propuestas de valor, se justifica el porqué de una postura haciendo uso de la empatía, apertura y dialogo. Un debate pudiera ser incluso visto como una acción de amor y servicio donde ambas partes con el fin de crecer la visión, ofrecen información que ayuda a tener una perspectiva que funcione mejor para la sociedad.

Sin embargo, al ser humanos cuyo instinto de supervivencia se detona fácilmente si no se ha trabajado el control de las emociones, se puede caer en conflictos o peleas digitales que buscan arrojar una sobrecarga de energía con baja frecuencia y que resulta contagioso aun para quien no participa en el conflicto, pero lee dichos comentarios.

La era digital nos ha permitido estar en contacto directamente con gente de todo el mundo y todos los perfiles, por lo que es fácil toparse con alguien que no haya tenido acceso a experiencias, conversaciones o textos que amplíen su visión sobre temas esenciales.

Nuestro deber como ciudadanos y seres evolucionados es, si así se desea, ofrecer con compasión esta perspectiva con la única finalidad de que pueda sumar a la persona que consideramos que está en una equivocación, pero lamentablemente quien tiene un mayor nivel de conocimiento, se cree autorizado para menospreciar a quien le falta un mayor entendimiento teniendo como consecuencia agrandar la ignorancia y aumentar la violencia digital.

La compasión, como en muchos otros aspectos de la vida cotidiana, es una especie de medicina para el alma propia que además tiene efectos grandiosos en una comunidad, pues de esta forma, se puede ejercer la libertad de opinión, el respeto y la unión entre humanos.

Hasta con el más mínimo detalle, todos reflejamos con nuestras acciones, palabras y formas de tratar a los de enfrente, el trato que nos damos a nosotros mismos o nos dan los seres más cercanos, por eso cada vez más, escuchamos a diferentes corrientes recordándonos que tomarse las cosas de manera personal es un gran error que atenta contra nuestro propio bienestar, autoestima y balance.

La compasión nos libera de la pesada creencia de que es nuestro deber castigar o juzgar al de enfrente. Para eso existen sistemas organizacionales que se encargan de juzgar y aplicar sanciones a quien se equivoca, esto sin contar a esa autoridad divina en la que muchos creemos.

La compasión es una virtud que difícilmente nos fue inculcada durante nuestra formación por diferentes razones, pero que hoy tú puedes comenzar a desarrollar a través de práctica.

La forma es muy simple, pues solo requiere una consciencia sobre tus pensamientos, palabras y acciones y poco a poco estarán más espaciados aquellos momentos donde nuestro ego busca ejercer juicios y castigos.

Además, la paz y liberación que comienza a crecer son un gran motivador para continuar practicando la compasión, así como el sentimiento de unidad y alineación que también se generan. Así que ya lo sabes, alinea tus acciones y palabras con la gracia que llevas dentro y comienza a practicar la compasión.

Una corona para ti,

Angie D. Brenes

Instagram: AngiedBrenes

Twitter: @angiebrenes

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