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Ayúdalo a superar el acoso escolar

acoso_escolarEl bullying es una realidad a la que nuestros niños se han tenido que acostumbrar. Ya sea el origen étnico, la apariencia, condición económica, problemas motrices, trastornos de aprendizaje o las preferencias sexuales, cualquier diferencia es motivo de acoso escolar.

Lo más preocupante es que, a nivel internacional, México ocupa el primer lugar en bullying, con un total de 18 millones 781 mil 875 casos, de acuerdo con la especialista en violencia escolar Rocío Alonso Rubio.

Esta cifra es realmente alarmante, pues representa más del 70% de los alumnos que hay en el país. Sin mencionar que uno de cada seis suicidios, en niños de 10 a 13 años, se debe a que el niño sufrió acoso escolar.

Pero no creas que es un problema exclusivo de nuestro país, cada día se presentan casos de bullying en todo el mundo. De hecho, hace unos días conocimos la historia de Lizette Núñez, una joven mexicana que reside en Estados Unidos y quien sufrió acoso escolar durante tres años.

Núñez compartió su testimonio durante la ceremonia de clausura del Congreso Internacional de Scholas Ocurrentes, una fundación pontificia que promueve el desarrollo de los jóvenes a través de la educación, el arte y los deportes.

De hecho, la historia de la joven conmovió a estrellas de Hollywood, como George Clooney, Richard Gere y Salma Hayek, así como al Papa Francisco, que estaba presente en la ceremonia.

Lizette nació en México, en 1997, y tras la separación de sus padres, se mudó con su madre y hermano a Chicago, Estados Unidos, hace 12 años.

Aunque la llamada Ciudad de los Vientos siempre fue un lugar de oportunidades, cuando Lizette llegó a sexto grado comenzó una de las etapas más difíciles de su vida. Fueron tres años de sufrimiento en los que debió afrontar “momentos dramáticos”.

“Como yo no sabía inglés entonces me aguantaba el responder, yo sólo escuchaba y trataba de aguantarme. Uno de los comentarios que si me dolió mucho era: Tú nunca vas a llegar a ser alguien, no eres nadie ni nunca lo serás”, contó.

Pese a la difícil situación que estaba enfrentando, Lizette no quiso cambiarse de escuela. Aseguró que quería superar el problema y aprender a perdonar a sus compañeros; sin embargo, éstos pasaron de las palabras a los empujones y otro tipo de ataques.

Entre lágrimas, compartió con los asistentes que un muchacho le rompió en la cara la primera carta que pudo escribir en inglés, y en la que hablaba de su familia y el divorcio de sus padres. “Creí que todos mis sentimientos se iban a la basura y que mi ser no pertenecía ahí”, confesó.

Sin embargo, ello no hizo mella en su determinación y permaneció un año más en la escuela. Apuntó que su decisión se vio influida por el comentario que le hizo un sacerdote, quien le aseguró que, aunque haya pasado tanto sufrimiento, “a veces no nos damos cuenta que Jesús también sufrió en la cruz y si él pudo, ¿por qué tú no puedes? Desde ese momento decidí dar ese dolor a Dios”, dijo.

Lizette reconoció que los bullies, o acosadores escolares, no entienden el daño psicológico que generan con sus palabras y sus acciones, porque hacen sentir al otro inferior y degradan su ser.

“Aunque a mí me haya afectado, al momento de la graduación les dije: los perdono. Pude pasar sobre eso, sigo adelante, lo único que puedo hacer es perdonar y no quedarme con ese rencor”, agregó.

Postura que es difícil de mantener, sobre todo si tomamos en cuenta que su hermano menor, Francisco, ha pasado por la misma situación.

Con el testimonio de Lizette arrancó la campaña de la Fundación Scholas contra el bullying, para la cual se está utilizando en redes sociales el hashtag #NosotrosSomosUnicos.

Al respecto, la sobreviviente del acoso escolar recomendó a otros jóvenes que “no traten de ser como los demás. Si estamos en una sociedad ya contaminada de ideas malas, ¿cómo vamos a querer un mejor futuro para las generaciones? Hay que cambiar primero uno mismo, compartir el valor humano y compartir ese amor con otras personas”.

El caso de Lizette Núñez puede tomarse como ejemplo de que aún en los peores sufrimientos, la sonrisa debe mantenerse.