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Mi ultimo día de vida

Kris DurdenLa comida en la oficina es todo un ritual. A Todos nos encanta comer juntos, apretujados en un espacio pequeño y pasarnos el tiempo muriendo de risa por la cantidad incalculable de sandeces que nuestras ociosas mentes pueden generar.

Pero lo mejor de la comida, creo yo, es «La Pregunta». Y no es otra cosa que una pregunta ingeniosa que nos pone a pensar respecto a algunos aspectos de nuestra vida, o también nos pone a reír con cosas súper incongruentes, pero que al mismo tiempo nos ayuda a definir la personalidad de nuestros compañeros.

Quien ha hecho «La Pregunta» tiene derecho a elegir quien es el primero en responder, a partir de ahí corre a la derecha y responde a su propia pregunta al último.
Para que «La Pregunta» se pueda comprender con mayor claridad, me gustaría ilustrarla con algunos ejemplos:

  • ¿Qué harías si hoy hubiera una devaluación y te quedaras sin empleo, junto con otros 30 millones de mexicanos?
  • ¿Qué te gustaría hacer si no te pudieras dedicar a lo que te dedicas?
  • ¿Qué prefieres, tener dientes inamovibles en la nuca o un párpado sin ojo sobre el codo y que parpadeé cuando te sientes ansioso o nervioso?

(Sólo por mencionar algunas)

La verdad es que reímos mucho y reflexionamos aun más.

Pero en las últimas semanas algo indefinible, pero ciertamente sombrío, ha estado rondando mi vida, y no sólo son especulaciones mías, sino que mis compañeros de oficina también han estado sintiendo que las cosas no están yendo bien. Para muestra, basta decir que en menos de 30 días, cuatro personas de la oficina hemos perdido a seres queridos. Y esta semana, dos chicas han pasado por el dolor del duelo.

A raíz de esto ha surgido una pregunta obligatoria:

Por alguna razón, sales del médico con la promesa de que el día de mañana partirás al reino de los muertos. ¿Qué harías si supieras que sólo te queda un día de vida?

Generalmente lo tomamos a broma, pero con todos estos acontecimientos recientes, todos caímos en la reflexión.

Unos hablan de pasar tiempo con sus amigos y familia, otros de preparar todo para cuando ya no estén y no dejar deudas a los que dejan. Reímos cuando una compañera se entrega a la lujuria en su ultimo día de vida. Yo hablo sobre la responsabilidad que tenemos como seres racionales y el deber de buscar la trascendencia.

Al final todos callamos y nuestros ojos se pierden en la nada.

Decido romper el silencio y hacer que las cosas vayan más allá.

–¿Por qué no lo hacemos realidad?

Me miran intrigados y otros horrorizados, como pensando en el hecho de morir en menos de 24 horas.

–Sí –Continuo–, ¿por qué no tratamos de hacer la mayor cantidad de esas cosas en las próximas 24 horas? Mañana durante la comida decimos qué porcentaje pudimos hacer realidad.

Algunos se entusiasman y otros parecen no entender completamente la idea, pero todos acceden.

Aun no nos hemos sentado a comer y no sé en qué medida han conseguido vivir según como pretendían su ultimo día de vida, pero yo no he dejado de hacer lo que tenía que hacer y esto me parece alarmante, aunque sí me he salido de la rutina para trabajar en mi muerte.

La he tenido fácil, porque las 24 horas que elegimos para pretender que son las últimas, han coincidido con mi cumpleaños. He recibido muchísimas felicitaciones en Facebook de personas que me hacen saber cuánto me aprecian y básicamente no los he tenido que ir a buscar. Un amigo me ha invitado la cena y a media noche me ha felicitado personalmente. Con todo esto puedo decir que no he tenido que buscar a nadie y que la gente ha venido a despedirse de mí.

Estoy a minutos de caer fulminado por una enfermedad imaginaria. No arreglé todo lo que pretendía arreglar, ni escribí todo lo que quise escribir, pero sí fui una persona tremendamente feliz y me voy agradecido por haber llegado hasta mi cumpleaños número 30, algo decepcionado porque no le pude regresar a la vida todo lo que me regaló, pero hice lo que pude.

Con mis ultimas palabras, no quiero agradecer, sino exigir. Vivan cada día en equilibrio, y no dejen de buscar la felicidad…

Esto sólo ha sido un juego, pero realmente podrían estar viviendo su ultimo día de vida… ¿Han hecho lo que tenían que hacer o dicho lo que tenían que decir?

No se queden con las ganas, porque no vivirán por siempre, y tampoco los seres que aman.

La vida se vive mejor cuando sabes que vas a morir.

Kris Durden