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5 consejos para castigar a nuestro hijos de manera correcta

Este inicio de año en el consultorio ha sido especialmente cargado de trabajo en cuanto a consultas que requieren manejo de adolescentes y adultos jóvenes difíciles y que no respetan reglas, tienen poco control de impulsos, y como parte normal d esta etapa de la vida, van en contra de los patrones establecidos para lograr independencia y así, forjar su identidad.

Dr. Edilberto Peña de León

Se trata de consultas difíciles, donde hay que manejar un buen nivel de empatía con el paciente (joven), pero sobre todo identificar los patrones de relación que están realizando de forma equivocada los padres, señalárselos (con mucha mano izquierda), para que puedan modificarlos, por el buen destino del caso en disputa.

Es por eso, que resulta de capital importancia, el poner reglas claras a los hijos, y en consecuencia, un sistema de castigos para cuando se rompan las límites. Aquí van las cinco recomendaciones para instituir estos sistemas:

  • Prever los casos de problema, para adelantarnos y negociar reglas claras sobre estos eventos. Todos sabemos de que “pata cojean” nuestros hijos para poder predecir donde vamos a presentar un futuro conflicto.
  • Sentarnos a hablar con calma y fuera de algún desacuerdo sobre las reglas. Hay que colocar también en ese mismo evento los posibles castigos que llevan cada falla a las reglas, de ser posible que los correctivos vayan en la misma línea de funcionamiento que el de la falla. Esto tendrá como consecuencia que el adolescente automáticamente se castigue sólo cuando rompa una de las “leyes”. Por ejemplo, si el joven en cuestión llega tarde de una fiesta, se castiga con un permiso de la siguiente salida.
  • Hay que ser consistentes. Esta es una de las faltas más frecuentes en los padres del consultorio. Si nuestro hijo se da cuenta que algunas veces si aplicamos los castigos y otras no, corremos un riesgo importante, que lo considere una injusticia cuando se aplica y reaccione con agresividad.
  • Siempre poner castigos que sean proporcionales a la falta, y con una medida de tiempo adecuada y fija. Si se nos va la mano, los jóvenes saben, de antemano, que no los vamos a cumplir.
  • No siempre tenemos que estar inspirados para poder enunciar un castigo. Se vale decir que tal o cual acción amerita un correctivo, pero que en este momento no sabemos cual va a ser y que con algo de tiempo lo definiremos.

Estos son sólo cinco puntos iniciales como guía, hay que trabajar mucho más a partir de aquí.

Dr. Edilberto Peña de León

Edilberto Peña