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Descuidos de nuestro sistema nervioso central

Ya en varias participaciones hemos dejado en claro que debemos de cuidar al cerebro como el órgano central de residencia de nuestras conductas, intelecto y emociones. Presentamos evidencias de cómo hay que dormir bien, comer sano, hacer actividad física regular y modular nuestra exposición al estrés exagerado en nuestras vidas. Pero ¿Hay momentos o situaciones en específico de nuestra vida que pueden modificar el desarrollo de nuestro cerebro?

Dr. Edilberto Peña de León

1.- La genética: la herencia y combinación de cromosomas entre nuestros padres, y nuestros ancestros, determinan la base inicial con la que comenzamos la evolución del sistema nervioso central. Para un ejemplo contamos con varias condiciones genéticas que determinan alteraciones conductuales o intelectuales.

2.- Factores obstétricos: con esto nos referimos a los momentos relacionados al embarazo que nos trajo a este mundo. La buena implantación en el útero de nuestra madre, una placenta sana que nos dé correcta nutrición, evitar las infecciones y las amenazas de parto prematuro y el momento cumbre, que el parto, con secuencias ordenadas y con el aseguramiento de una adecuada provisión de oxígeno y nutrientes en un episodio especialmente susceptible.

3.- Traumas de cabeza: a mayor integridad estructural mejor funcionamiento operativo de este órgano maravilloso. Primordialmente tenemos que cuidarlo en los primeros años de nuestra infancia, pero no solamente, durante toda la vida contamos con la obligación de vigilar celosamente el contenido de nuestro cráneo.

4.- Infecciones que alcancen al sistema nervioso central: seguramente todos hemos escuchados de condiciones virales o bacterianas que llevan a la presentación de encefalitis (inflamación de la masa encefálica) o meningitis (inflamación de las capas que protegen al cráneo), y que conllevan alteraciones en el funcionamiento crónico del centro de nuestra computadora para el resto de la vida.

5.- Atención oportuna de las condiciones cerebrales: ya en otras columnas hemos citados los porcentajes de relación entre depresiones, trastornos de ansiedad, esquizofrenia o episodios bipolares; que, si no son correcta y oportunamente atendidos, confieren un medio ambiente inadecuado de funcionamiento neuronal que coopera al envejecimiento de estas células que habitan la corteza cerebral. Así, es que si ya somos muy cumplidos con el compromiso de cuidado metabólico de nuestro cerebro, el siguiente paso es evitar las condiciones que citamos en este artículo.

Edilberto Peña